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AUTOESTIMA Y NARCISISMO


La autoestima es definida por el valor que las personas se atribuyen a sí mismas, es decir, es el componente evaluativo del autoconocimiento. Es por la tanto una creencia y una percepción que tiene la persona con respecto a sí misma más que una realidad. Que la autoestima sea una creencia es algo muy relevante porque las creencias de la gente dan forma a sus acciones de muchas maneras importantes, y estas acciones a su vez dan forma a su realidad social y a las realidades sociales de la gente que los rodea.

La alta autoestima se refiere a una evaluación global muy favorable de sí mismo y la baja autoestima, por definición, se refiere a una definición desfavorable.

Así pues, una alta autoestima puede referirse a una apreciación precisa, justificada, equilibrada de la propia valía como persona y de los éxitos y competencias de una persona, pero también puede referirse a un, arrogante, grandioso e injustificado sentido de superioridad sobre los demás. Por la misma razón, la baja autoestima puede ser una comprensión precisa y bien fundada de los defectos de una persona o un sentido distorsionado, incluso patológico, de inseguridad e inferioridad.

La mayoría de las personas tienden a verse a sí mismos de forma positiva.

Existen diferencias en autoestima en lo que respecta a género y a la edad. Los hombres una autoestima ligeramente más alta. A menudo tendremos una mayor autoestima más tarde en la vida que en los primeros años de la edad adulta.

Tratamos de enfatizar características positivas e incluso en algunos casos podemos distorsionar la información, para mantener una autoestima positiva. No obstante, una estima poco ajustada a la realidad y demasiado distorsionada puede ser problemática como ocurre en el caso de las personas con un alto rasgo de narcisismo.

No se ha demostrado que el aumento de la autoestima (por medio de intervenciones terapéuticas o programas escolares) cause beneficios. Existe mucha heterogeneidad entorno a la alta autoestima por lo que el elogio indiscriminado podría promover fácilmente el narcisismo, con sus consecuencias menos deseables. 

Es más recomendable el uso de los elogios para aumentar la autoestima como recompensa por un comportamiento socialmente deseable y para la mejora de sí mismo. Más que una autoestima alta, se buscaría una autoestima adaptativa, acorde al entorno y competencias reales de la persona.


 

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